Cinco prácticas ancestrales que ayudan a evitar el desperdicio de comida
Técnicas como el chuño andino o la recolección pehuenche inspiran soluciones frente a la crisis climática y la pérdida de alimentos.

Getty Images / Luis Echeverri Urrea
En el marco de la conmemoración del Día Nacional de los Pueblos Indígenas en Chile, fecha que coincide con el solsticio de invierno austral y el inicio de un nuevo ciclo de la naturaleza, se abre un espacio de reflexión sobre el valor de los conocimientos ancestrales frente a los desafíos ambientales contemporáneos.
En un escenario global donde anualmente se desperdician más de mil millones de toneladas de comida, las prácticas milenarias de conservación y optimización de recursos se transforman en una necesidad para el futuro.
Diversos pueblos de nuestro territorio desarrollaron históricamente sistemas eficaces para contrarrestar la escasez: los pehuenches recolectaban y almacenaban piñones para asegurar su sustento anual, mientras que las comunidades andinas perfeccionaron el chuño, una papa deshidratada de larga conservación. Métodos como el secado, la fermentación y el uso integral de recursos vegetales y animales reflejan una cosmovisión donde el alimento no es un mero producto de consumo, sino el fruto de una compleja interacción colectiva con la tierra y el agua.
El quiebre de la industrialización
A medida que los sistemas de producción de alimentos se industrializaron, la población comenzó a distanciarse de los procesos de recolección y conservación, generando una falsa percepción de abundancia que lleva a dar por sentado su acceso.
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“Desde esa perspectiva, desperdiciar comida significaba desaprovechar mucho más que un alimento: implicaba perder recursos escasos, esfuerzo humano y parte del equilibrio con el entorno”, advierte Catalina Tejeda, gerente de Marketing de Cheaf. La especialista apunta que, ante la actual crisis climática y el agotamiento de los recursos naturales, recuperar esta cultura de valoración es una urgencia clave para la sostenibilidad futura.
Cinco guías ancestrales para el día a día
Para avanzar hacia una relación más consciente con lo que consumimos, se identifican cinco enseñanzas esenciales de los pueblos originarios que se pueden aplicar en la actualidad:
- Consumir respetando las estaciones: Adaptar la dieta a los ciclos naturales del territorio permite aprovechar de mejor manera los recursos disponibles y reducir mermas, privilegiando productos de temporada por ser más frescos, económicos y duraderos.
- Valorar cada alimento como un recurso escaso: Antes de desechar provisiones por razones puramente estéticas o por la cercanía de su fecha de vencimiento, es clave evaluar si aún pueden ser consumidas o transformadas en nuevas recetas.
- Recuperar las prácticas de conservación: Mucho antes de la refrigeración, se utilizaba el secado, ahumado o almacenamiento estratégico. Congelar porciones, deshidratar frutas o hacer conservas en casa son formas modernas de aplicar este principio.
- Aprovechar integralmente los ingredientes: La consigna tradicional de “usar todo” incluía hojas, tallos y semillas con fines culinarios o medicinales. Reducir los desechos hoy implica utilizar partes de los vegetales que habitualmente descartamos.
- Compartir antes que desechar: La alimentación posee una raíz comunitaria donde los excedentes se distribuían para fortalecer vínculos y evitar pérdidas. Planificar las compras y compartir o donar preparaciones con vecinos y familiares revive este valor.
Estas enseñanzas, concluyen los expertos, no pretenden ser una simple mirada nostálgica al pasado, sino una guía de adaptación concreta. Al cuidar los alimentos se protegen de manera simultánea el agua, el suelo y los ecosistemas que hacen posible la vida, disminuyendo de forma directa nuestro impacto ambiental.
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