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Microplásticos en el cerebro, un riesgo silencioso: Así es como ingresan al cuerpo y afectan nuestra salud

Alarmantes estudios revelan los altos riesgos de la situación que pasa desapercibida.

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Referencial / nopparit

Un estudio reciente publicado en Nature Medicine generó bastante preocupación al exponer que los microplásticos no solo están presentes en el medio ambiente, sino que también pueden acumularse en órganos vitales del cuerpo humano, incluido el cerebro.

Este descubrimiento encendió las alarmas en la comunidad científica, especialmente por sus posibles implicaciones en enfermedades neurodegenerativas.

Los microplásticos, definidos como partículas de plástico menores de 5 milímetros, y los nanoplásticos, aún más diminutos, han sido detectados en prácticamente todos los ecosistemas del planeta.

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Estas partículas se generan a partir de la degradación de botellas, bolsas, envases y bombillas de plástico, así como de productos textiles sintéticos y neumáticos.

“Se estima que una persona promedio podría ingerir decenas de miles de partículas de microplásticos al año”, afirman los investigadores del estudio.

La ingesta puede producirse a través del agua potable, mariscos, frutas y verduras, o por inhalación de partículas suspendidas en el aire.

Un viaje al cerebro

La investigación reveló un preocupante hallazgo: la capacidad de los nanoplásticos para atravesar la barrera hematoencefálica, una protección natural del cerebro contra sustancias extrañas.

Esto quiere decir que transitan sin mayores problemas hacia nuestros cerebros, generando variadas consecuencias que pueden tener efectos para algunas enfermedades.

Una vez en el tejido cerebral, estas partículas pueden desencadenar estrés oxidativo, inflamación y daño celular, lo que podría estar relacionado con afecciones como el alzhéimer y el párkinson.

“Las concentraciones de microplásticos en el cerebro pueden ser más altas que en otros órganos”, se detalla en el estudio. Además, estas partículas podrían alterar la comunicación neuronal, afectando la memoria y el aprendizaje.

Hay que tomar acciones

A pesar de la preocupación creciente, existen formas de minimizar la ingesta de microplásticos. Entre las medidas recomendadas está reducir el uso de envases plásticos, evitar calentar alimentos en recipientes de este material y optar por textiles naturales en lugar de sintéticos.

También se sugiere filtrar el agua potable y elegir alimentos provenientes de fuentes sostenibles.

Los hallazgos refuerzan la urgencia de tomar medidas a nivel global para reducir la contaminación por plásticos.

“La pregunta ya no es si los microplásticos están en nuestros cuerpos, sino qué estamos dispuestos a hacer al respecto”, plantean en el estudio a modo de reflexión.

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